martes, 23 de abril de 2013

Nuevos detalles sobre la bacteria del arsénico genera controversia



Sin embargo, ahora dos nuevos estudios ponen en duda el controvertido hallazgo.
Investigadores liderados por Felisa Wolfe-Simon, de la NASA, encontraron el organismo GFAJ-1 en los sedimentos ricos en arsénico del lago californiano Mono.  Más tarde afirmaron en la revista Science que la bacteria sobrevivió en el laboratorio con grandes cantidades de arsénico y muy escasas de fósforo.

Así, el equipo concluyó que GFAJ-1 incorporaba arsénico en su ADN en lugar de fósforo, componente fundamental para los organismos. 

El descubrimiento supuso una revolución entre los astrobiólogos, que ya habían especulado sobre la posibilidad de que hubiera vida extraterrestre, siempre que se pudiera dar el cambio descrito (arsénico y fósforo son químicamente muy parecidos).

Sin embargo, muy poco después del anuncio, otros investigadores manifestaron su dificultad a la hora de repetir los resultados de Wolfe-Simon, Finalmente, el domingo se publicaron dos estudios diferentes con resultados similares.

En ambos, publicados también en Science, se afirma que la bacteria sí se desarrolló en las condiciones descritas por el estudio de 2010. Sin embargo, cuando se redujo la cantidad de fósforo en comparación con los experimentos de Wolfe-Simon, GFAJ-1 se estancó. Es más, según describe la bióloga Rosemary Redfield, no se encontraron restos de arsénico en su ADN.

La conclusión es que la bacteria sí necesita fósforo para desarrollarse, aunque en cantidades sorprendentemente pequeñas.

No se retractan

Wolfe-Simon, ahora del Lawrence Berkeley National Laboratory, sigue defendiendo sus resultados. En su opinión, los nuevos experimentos únicamente señalan que no hay arsénico en el ADN, no que el organismo nunca lo utilice. Según escribió la investigadora en un correo electrónico, el hecho de que la bacteria sea tan resistente al arsénico significa que hay algo raro.
«Estamos tratando de descubrir dónde hay arsénico [en el organismo], en lugar de dónde no lo hay», señala.
«¿Cómo sobrevive GFAJ-1 con tales niveles de arsénico? ¿Dónde acaba éste? Estas son las preguntas a las que intentamos responder».

No prueba la existencia de una segunda génesis

Para los astrobiólogos el nuevo descubrimiento es una decepción, aunque no un verdadero contratiempo a la hora de buscar vida extraterrestre.

El estudio de 2010 se inició a partir de una propuesta del astrobiólogo Paul Davies, director del Centro BEYOND de Conceptos Fundamentales de la Ciencia de la Universidad de Arizona (Estados Unidos).

Davies animó a los científicos a buscar en la Tierra organismos tan raros que hicieran pensar que provienen de un ancestro complemente distinto al de los organismos normales.

Si pudiéramos encontrar organismos así, según Davies, significaría que la vida se originó más de una vez, que hubo una «segunda génesis», por lo que es posible que haya vida en otros planetas similares a la Tierra.

Sin embargo, los nuevos estudios no afectan a esta investigación, puesto que ya se había confirmado con anterioridad que GFAJ-1 está relacionada con otra bacteria conocida.

«Desde el principio estuvo claro que GFAJ-1 no demuestra la existencia de una segunda génesis», afirma.

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